18/07/2010

Madrid, ciudad subterránea

En las vías hay un envoltorio de chicle, de esos sin azúcar de los que nos atiborramos. Al lado, hay un pequeño charco de ¿agua?, muy oscura para ser tan digno elemento. Miro a la pantalla de información: 01 minutos. La línea 10, la azul marina, la diagonal, la más rápida. Como todos los días, desde Príncipe Pío a Gregorio Marañón y allí, transbordo a la línea 7.
Cierro los ojos y me imagino el piso superior. Cercanías. Las vías están en una cama de grabilla de tantos tonos que resulta obvio que llevan tiempo ahí. Más allá hay un ticket sencillo y un pedazo de plástico rojo.
Abro los ojos, subo la vista: 01 minutos... aún. La dimensión de los marcadores del metro no coinciden con la realidad, ¡qué minuto más largo!
Cierro los ojos nuevamente, fuerte. Los abro y lo veo. Me veo cayendo a las vías justo antes de que el metro viniese a toda velocidad. Un golpe seco, una anécdota mañanera para todos los pasajeros, una noticia más para los innumerables diarios gratuitos... ¿Quién me extrañaría?, pienso.
Siento que se me humedecen los ojos con una respuesta, que me retuerce el estómago. Mi pelo se mueve, con el aire que desplaza el metro. Ya ha llegado, línea 10. Otra mañana sobreviviendo en la ciudad subterránea.

4 nómadas han dejado mensaje:

Lur dijo...

Yo te extrañaría, lo sabes. Eso no se duda

Aída dijo...

Los viajes en el metro de Madrid dan para mucho. A mi cada rato de espera me supone una angustia vital y unas ganas de subir a la superficie increíbles.

Gracias por actualizar el blog. Amo cómo escribes y lo que escribes.

Te quiero

Ekhi dijo...

Hablarás de coña verdad? Un@s cuantos te extrañaríamos

Tenshi dijo...

Buenas a todas, gracias por las opiniones. Quisiera aclarar que, aunque me emocionan vuestras declaraciones, es sólo un relato.
Un besazo y muchas gracias.